viernes, 1 de febrero de 2013

El descubrimiento

Hola hijo mío. Hoy te quiero contar una historia un poco diferente. Mi intención es que, el día que tu la leas comprendas un poco a tu mamá y a tu papá y por qué reaccionamos así y todo lo que hemos hecho.

Fue apenas hace unos pocos años cuando en uno de los constantes ires y venires en busca de respuestas llegamos con una gran amiga, Alejandra. Ella se especializaba en atender casos de niños y niñas con capacidades diferentes, principalmente en el lenguaje. Durante ese tiempo que estuviste bajo su cuidado, sí observamos algunos cambios. Aparentemente eran pequeños, pero significativos. Sin embargo, nuevamente fueron detalles de prueba y error. Ella nos ayudaba con tu lenguaje, y en esas nos sugirió que probáramos con una técnica nueva que tenía como diferencia el uso de una dieta baja en sales, carbohidratos, etc. Además se complementaba con ejercicios para estimular tu desarrollo.

Al principio esas sesiones de ejercicios fueron una tortura, tanto para ti como para nosotros. Como no tolerabas que te tocaran el pelo o tu cuerpecito, el obligarte a que hicieras las series de coordinación se convertía en el peor momento del día para ti. Mi corazón se estrujaba al escuchar tu llanto, pero tenía que hacerme el fuerte para que lo hicieras, muchas veces forzando tus piernitas para que las movieras. La dieta al principio también pareció ayudar, pero al paso del tiempo nos dimos cuenta de que el avance era muy poco.

Sin embargo, una cosa buena salió de ahí. Hicimos contacto casi milagrosamente con un excelente doctor, un Paidopsiquiatra ("el paido") que nos mostró un mundo nuevo. Nos enseñó que tu no eras diferente, al contrario, que eras especial. El Dr. Ricardo Hidalgo desde el inicio se ganó tu amistad. No te mentiré hijo al decirte que a veces sentía como que no avanzábamos. Te recetó haloperidol para tu comportamiento, y carbamazepina para ayudarte a socializar. Poco a poco, y nuevamente a base de prueba y error cambió tu medicamento por risperidona y te quitó el haloperidol. En esos tiempos, tu comportamiento inició un cambio, y nosotros, tus padres, entendimos que necesitábamos hacer un equipo para apoyarte. Ese equipo se conformaba con tu terapeuta del lenguaje (Alejandra), tu paido (Dr. Hidalgo), tu escuela y nosotros.

Hoy seguimos aún con tu tratamiento y, ¿vieras, hijo? Has tenido muchísimos cambios. Posteriormente te platicaré de ellos. Hoy sólo quería comentarte que, a pesar de todo esto, te reconozco como todo un guerrero. Nunca te has dado por vencido.

Te amo, mi Rafaelote.

Zacatecas, Zac. a 1 de febrero de 2013

Tu papá.

No hay comentarios:

Publicar un comentario